AL VILA & MARTA MASAFRET

Cantina Lupita

02/02/08
Ferrol (A Coruña)

     Una vez más estaba en liza. El concierto del día anterior en la sala Buffalo había restado bastante de mi reserva de energía, no muy sobrada últimamente que digamos, y ahora había que ponerse de nuevo en movimiento: otra noche, otro concierto. Me sentía como un torero echado al ruedo después de una noche de absenta o un pistolero plantado en la calle en plena bajada de anfetas. Tenía ganas de ver evolucionar a Al Vila y Marta Masafret. Digamos que, de alguna manera, se lo debía: había fallado dos veces. La primera porque era el primer concierto de la nueva temporada en la Buffalo y había que ir para facturar la crónica al Canedo Rock, la segunda al día siguiente de un concierto de homenaje a Metallica en el mismo sitio. Me di tal vara en el postconcierto que al día siguiente el cuerpo estaba para el arrastre, una sensación lo más parecida a estar colgado de un gancho de carnicero.  Así que ese día no era cuestión de errar una tercera vez, el menda no la pifia tres veces, es así de chulo, que ni se cae ni se tira, se espatarra.

    Después de la ducha y la cena (y vestirme, por supuesto, uno no es un reportero de vocación nudista, especialmente en invierno), metí lo que necesitaba en los bolsillos de la chupa (bolígrafo, papel, y mi Nikkon Coolpix S1, esa cabrona hijaputa que tengo por cámara de fotos). Una vez que salí a la calle afronté la misma historia de siempre: el concierto empezaba a las 11.45 h, el último autobús a Ferrol había salido ya a las 10.00 h y no había más, así que, una vez más, tocaba marcar pata. Soy de natural andariego, pero esto ya comenzaba a ser exagerado. Una cosa era ir en la de San Fernando hasta la Buffalo en Ultramar y otra explayarse todavía hasta el pleno centro, en la Magdalena.

   Cuando llegué a las cercanías de la cantina Lupita, el paisaje urbano parecía Dresde o Coventry después de un bombardeo o, mejor dicho, el barrio de “The Warriors”: aquel tramo de la calle del Sol estaba en obras, desnudo de pavimento, con vallas colocadas cual barricadas y aceras que parecían haber crecido medio metro por encima de su altura habitual. “Si es que cuando se nos da por parecernos a Madrid, es en lo malo” pensaba mientras cruzaba el umbral del local. Me encontré un sitio estrecho, pero acogedor, parecía haber bastante gente. No me corté y enfilé la masa humana como si yo fuese un panzer arrasando la línea Maginot, intentando no molestar pero con actitud decidida (si es que mi timidez natural tiene estas salidas de bombero). Al final resultó todo apariencia, lo que había era un tapón de gente hacia la entrada, al fondo estaba  más despejado, así que me fui hacia allí.

    El concierto ya había empezado (tanto pateo no sirve para llegar a las horas a los sitios) y Marta y Al estaban ya derrochando voces y acústica en los temas, enchufados a un equipo de voces que tenía bastante buena pinta. El local se ampliaba en aquella zona. Me arrimé a la barra, que es lo mío, plantado delante del dúo, y aguardé la llegada de la camarera. La sed me quemaba. Tardé en reaccionar cuando la chica me atendió: quedé en el nirvana ante su visión, como si fuese testigo de una aparición mariana (bueno, mariana no, precisamente), sólo la música consiguió hacerme reaccionar. Cerré mi mandíbula inferior con la mano izquierda y me limpié la baba que comenzaba a resbalar por la comisura de mis labios. Balbuceé confusamente que quería un Aquarius (ya le llegaba de Jack Daniels la noche anterior, ese día tocaba abstemia). Luego tuve que recordarme mis obligaciones reporteriles (¡puerco trabajo impagado!, pero que bien me lo pasaba, jeje), le eché mano a la cámara y entonces me di cuenta de que no había traído mis tarjetas de visita del webzine (¡que contrariedad!).

    Las referencias que tenía de Marta (empezando por la dama), adquiridas en mis indagaciones por Internet, eran las de una interprete que podría responder a una voz con cierta variedad de registros: participaba en un grupo folk (Chiculate) y en otro death metal (Id3m, en el que comparte presencia vocal con Yvan, también cantante de los Myself), junto con colaboraciones con los andorranos Persefone en su álbum “Core”. Este elenco la situaba, según mis expectativas, en ese horizonte de interesantes voces femeninas que están surgiendo dentro del metal (pero que podían sonar en cualquier otro entorno). En aquel concierto calculaba que iba a tener la oportunidad de oírla en un formato más pop-rock. Al(berto) Vila había formado parte de grupos como Propiedad Privada, y Solo 112, componiendo en aquel momento, junto con Lolo Beceiro (exbatera de Burning), la formación de En Vilo, que acababa de editar Cd  titulado “Ha pasado tanto tiempo”. Lo que le había oído y visto en el myspace (www.myspace.com/alvila y www.myspace.com/envilo) le situaba en una factura de pop-rock elegante y con letras de calidad dotadas de cierta profundidad literaria.

   Cuando conseguí asentarme, deshacerme de la impresión que me había causado la camarera y quitarme el exceso de ropa que me había protegido del frío en la caminata, pero que también me había hecho sudar (puñetero clima ambiguo). Fui centrando mi atención en la actuación acústica, en la que iban cayendo, al golpe de la guitarra de Al, versiones de temas de pop-rock nacional y extranjero, repasando las últimas cinco décadas de música, con preferencia a los 80’s y 90’s, con Radio Futura, Revolver, El Último de la Fila (“Insurrección”), Duncan Dhu (“A tu lado”), Jarabe de Palo (“La Flaca”), Amaral (“Como hablar”), Enrique Urquijo y Los Problemas (“Aunque tu no lo sepas”), 4 Non Blondes (“What’s up”), Bob Dylan (“Knocking on heaven's door”),  Pereza (“Como lo tienes tu”), Miguel Bosé, Nacha Pop (“Chica de Ayer”), Los Ronaldos (“Lo estás haciendo mal”), Fito y Fittipaldis (“La casa por el tejado”), Burning, Los Piratas (“Años 80”), Rosendo (“Agradecido”), Los Suaves (“Dolores”), Loquillo (“El cadillac solitario”), Héroes del Silencio, U2 (“I still haven't found what I'm looking for”)…, unos más de mi gusto que otros, pero todos muy bien tratados.

    El local se iba llenando y, en un ambiente más propio de café-concierto, Al se atrevía incluso a putear al respetable mezclando letras (sublime lo del “Dolores” con “Agradecido” y “Lo estás haciendo mal”), a punzar a la gente para que batiese palmas e hiciese coros y admitiendo peticiones. Eran carnavales y se notaba en las vestimentas (me crucé con Lobezno de los Xmen en el baño). Contra el final, el equipo de voces comenzó a dar problemas (algún cable rebelde). Total, que allí estuvimos entre pitos y flautas, canciones y gorgoritos hasta las 04.00 h de la mañana, más o menos. En ambiente casi familiar (faltaba una lareira, aunque las referencias del local eran más bien mexicanas), repasando el pop y el rock que nos han hecho como somos. Al final mandé al diablo la abstemia y terminé largando algunos chupitos de bourbon. Según me comentó Marta más tarde, la fiesta todavía se extendió más allá de cuando yo me fui (ya habían cerrado el equipo), pues volvieron a cantar (a persiana cerrada) y al final se fueron con la luz del día, para entonces yo ya estaba entregado en los brazos de la señora de Morfeo (es decir, mi piltra).

    Interesantes voces que me dejaron con ganas de hacerme con el disco del grupo de Al (En Vilo) para escucharlo y hacerle una reseña (se lo prometí, y soy tan macarra que cumplo) y seguir la trayectoria de Marta (curiosidad por oírla con los Id3m, a ver cuando comenzaban a facturar bolos; si a esas alturas de mi vida iba a terminar convertido en un abuelete metálico, jeje). “Knock, knock, knocking on heaven’s dooor…”

Texto y Fotos: CATAICA

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