LA GUARDIA

18/01/08

Disco-Bar Búfalo
Ferrol (A Coruña)

     Una cosa está clara para los que ya peinamos canas en la cuarentena (si queda algo que peinar): que somos hijos de los 80’s (“cagados e mexados dicen en mi pueblo). Aunque tuviese flirteos con el R’n’R un poco antes (1975-76) no puede uno ocultar la época de su adolescencia y primera juventud, en la que recibió su educación (la académica y la que no lo era) y tuvo el cúmulo de experiencias que dieron forma y forja a lo que terminaría siendo la personalidad que cada cual ha mantenido durante el resto de su vida con mayor o menor acento, ventura y fortuna

     El Disco-bar Buffalo de Ferrol (C/ Sánchez Calviño, 47), a través de la programación que viene cerrando en las últimas fechas, nos propone a los testigos y protagonistas de aquellos años un retorno reflexivo o una recuperación de nuestra propia memoria, la más adolescente, gansa y juvenil, y, al mismo tiempo, un auténtico escaparate o muestrario en el que las nuevas generaciones pueden ver y conocer la génesis de lo que son los movimientos y tendencias que ahora dan en disfrutar, seguir, sufrir o experimentar.

     Sopesándolos y valorándolos en perspectiva, tal vez con objetividad pretenciosa, opino que los 80’s españoles no fueron, musicalmente hablando, un dechado excesivo de originalidad. Cumplieron con creces, que no es poco, un objetivo necesario en aquel momento de transición política, social y cultural, como fue el de ponernos no sólo al tanto sino también al paso de lo que se estaba cocinando en Europa y en el mundo. Permitieron, además, la recuperación de estilos y maneras que no había sido posible vivir plenamente, o de forma más consistente, en sus propios instantes debido a las condiciones que al país le habían tocado en un pasado que en aquellas circunstancias comenzaba a superarse, de ahí que fuésemos observadores y/o partícipes de ciertos revivalismos.

     Si me parece, por el contrario, apropiado destacar la creatividad que demostraron los autores en los textos de temas que constituyen auténticas crónicas de los sentimientos, esperanzas, ansiedades, pensamientos y frustraciones de una época en la que tal vez se escribieron y musicaron la mayor parte de las canciones que hoy constituyen las señas de identidad del Pop-Rock español. Letras de gran calidad sonora, no exentas de cierta vis literaria.

     La Guardia, originalmente La Guardia del Cardenal Richelieu (Armand Jean du Plessis, cardenal de Richelieu (1585-1642), ¡toma erudición!), como epígonos y epílogo de la década reseñada, responden dentro de sus propias características a este paradigma. Excelentes artesanos en la construcción y ejecución de melodías, sus letras son verdaderos anales de tipos y etiologías, sensaciones y sensibilidades, pasiones y deseos, alegrías y delicias, sufrimientos y frustraciones, que nos retrotraen a situaciones que la mayoría hemos vivido de una u otra maneraFoto: Archivo LA GUARDIA y a sentimientos por nosotros experimentados en algún momento. Canciones que pueden ser clasificadas desde las road songs a intimistas, pasando por las de amores perdidos o en expectativa.  

    Me planté en la Buffalo, pasadas las 11.00 h, las puertas se abrieron sobre las 12.00 h. Comenzó el bolo algo más tarde de lo habitual, cercana la 01.00 del ya sábado 19 (cuando yo ya me había tomado el primer Jack Daniels para hacer tiempo). La Guardia se presentaba en formato acústico, tres guitarras a cargo de Paco Villamayor (coros), Jean Louis Barragán y Manuel España (voz), este último, como siempre, el factotum del grupo. Comenzaron con “Los mapas siempre mienten”, canción del live de 2004 “Ahora!” que casi no pude ni paladear  pues estaba acordándome de la honra de la madre del señor Nikkon por las fotos tan chungas que me estaban saliendo (lo siento señora, la culpa es mía, no suya ni de su fotológico hijo). Continuaron con “La carretera”, del disco que los consolidó en el panorama musical español, el “Cuando brille el sol” de 1990, una canción que tal vez no se recuerde tanto como la homónima de aquel trabajo, pero que para mi no le cede en nada. A continuación nos llevaron directamente a un viaje en el tiempo con “Mil calles llevan hacia ti”, uno de sus grandes éxitos del 88, coreado con entusiasmo por los asistentes (especialmente la sección femenina).

    Presentaban nuevo trabajo “Sobre Ruedas”, editado el año recién pasado, y fue “Un día redondo” el primer tema que ofrecieron de él. Luego volverían a rememorar los viejos tiempos del 88 con el “Blues de la Nacional II” (nuevamente subida de tono popular y desgañite de voces femeninas entre el respetable), y del 94 con “Buena suerte, señorita”. A partir de aquí, seguirían más o menos la tónica de ir intercalando canciones del último trabajo y viejos temas: “Pequeña Lolita”, “Donde nace el río” (1990), “El penúltimo rock”, “El mundo tras el cristal” (1988), “Que lo gris se convierta en azul”, “Sobre ruedas” (homónimo del nuevo trabajo), “Te seguiré” (1990), “Me voy a esconder” (1988, para mi la más popera de todas, aquí aprovecharon para hacer un middle con riffs de guitarra clásicos del R’n’R ) y, el plato fuerte final “Cuando brille el sol” (coreada hasta la ronquera por la concurrencia).

    A continuación amagaron la salida del escenario y retornaron ante la insistencia del público (la verdad es que resultó algo ritual el gesto, ya que la gente más próxima a las tablas, que podía echarle el ojo al set list, sabía perfectamFoto: Archivo LA GUARDIAente que faltaban temas). Tres temas más, como dos versiones: del “No dudaría” de Antonio Flores y del “Mueve tus caderas” de Burning, junto a la propia “Mañana” (1990).

     En resumen, la carga de la actuación recayó sobre los nuevos temas, el “Vámonos” de 1988 y el “Cuando brille el sol” de 1990. La naturaleza acústica del bolo hizo que las pinceladas country que siempre caracterizaron a este grupo resultasen más destacadas (por ello les tengo colocados en mi capilla en la hornacina contigua a la de Los Secretos, en amor y compañía, jeje). Comentábamos los asistentes después el hecho que para nada se notó una caída de intensidad con respecto al enchufado, desde mi particular punto de vista ello puede ser debido a que se caracterizaron siempre por una ejecución eléctrica bastante sencilla y limpia y producciones nada recargadas en sus discos. Manuel España sigue conservando aquella voz matizada que maravilló a finales de los 80’s y primeros 90’s (señal de que se la cuida). También me interesaría destacar el trabajo a la guitarra de J.L. Barragán (tal vez porque estuve más tiempo por ese lado del escenario que por el otro y me fijé más, juas). Con el público entregado, coreando los viejos temas, batiendo palmas y haciendo de batería orgánica a petición de Manuel, La Guardia demostró en este directo que hay vida más allá de la ochentada, sólo espero poder verlos en una próxima ocasión ya al completo y enchufados. 

Texto: CATAICA  -  Fotos: Archivo LA GUARDIA.

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