Después de pasarnos por agua, durante el último mes, a cuenta de lluvias aderezadas con vientos huracanados, volvimos a nuestro particular templo musical, la sala Capitol. Cuando se anunció el concierto que nos ocupa, hace unos ocho meses, muchos marcamos con una “X” dicha fecha en el calendario. La cita era ineludible para todos los amantes del R&R ya que, los míticos y genuinos, LOS LOBOS se dejaban caer por la ciudad apostólica englobándose, este concierto, en el 90º aniversario de la sala Capitol.

Salieron puntuales a su cita con una recinto que, a golpe de miércoles, contempló un lleno absoluto. Rocketas de toda Gallaecia no dejaron pasar esta oportunidad para disfrutar de estas leyendas del R&R que han influido en multitud de artistas. Son portadores de muchos anillos, por lo que, intentar calificarlos o encuadrarlos nos conduce a: “craso error”.

Surfear musicalmente con ellos, acarrea coger olas de diferentes tamaños y formas; deslizándose por un catálogo superdotado de diversidad. Su complejo y extenso abanico, va desde el R&R a las rancheras pasando por el blues, el jazz, el soul, el country, el bolero, las cumbias... y todo ello aderezado con ese toque personal de un rock fronterizo, corriente de la cual son pioneros. No existe la palabra “aburrimiento” en el vocabulario musical de estos veteranos del rocki&tocki.

El quinteto pateó tabla de forma discreta y sin aspavientos. Comenzaron pisando frontera con la tonada “La Venganza de los Pelados” donde el saxo deja su impronta intuyendo que será protagonista durante todo el show. Ya con “Angel Dance”, nos domesticaron poniéndonos a comer de la palma de su mano. Este tema tiene todos los ingredientes para conquistarte y es donde un servidor se siente más cómodo dentro de su amalgama de estilos. Un rock a medio tiempo con voces country/pop que portea una naturaleza sureña, temazo.

Y como no, llegó el momento más esperado por muchos feligreses, la “pachanga” hizo acto de presencia de la mano “Chuco’s Cumbia”. Al rosario de estilos se añadió “Flat Top Join”, incluido en su último trabajo “Native Songs”, un R&R de los 50’s con tintes “rockabillie boggie nigth”. El sonido “tex-mex” hizo acto de presencia con la cálida “Wicked Rain”. Si eres amante de conciertos multidisciplinares, no dejes de acudir a un recital de Los Lobos, sin duda, estos perros salvajes se llevan la palma de oro, en ese aspecto.

En esta barcaza todos capitanean, de un modo u otro. En la faceta vocal, de la mayor parte de los temas, tenemos al legítimo David Hidalgo que endulza, a su vez, los temas con su exquisito gusto en las seis cuerdas. César Rosas hace un copy/paste de las facetas de David y es quizás la cara más conocida de la formación ,con su look rocker y gafas negras, que revive pensamientos relacionados con la película “La Bamba”, la cual, forma parte de la cultura popular y cuyo tema homónimo de Ritchie Valens rescataron y los catapultó al estrellato. La relación de los Lobos con Ritchie Valens es como el lápiz y el papel. La formación ha redimido al artista con versiones de sus temas, a lo largo de toda su carrera, y Ritchie pasó a formar parte del imaginario cultural en todo el planeta. Destacar que las voces de estos decanos del R&R se conservan perfectamente a pesar de la edad que los contempla.

Steve Berlin es un lobo por derecho propio ya que milita en la banda desde 1984. Sus colaboraciones son infinitas desde Faith No More, REM, Sheryl Crow y un largo etcétera que nos ocuparía un folio. Destacar, por la parte que me toca, la formación The Blasters de la cual formó parte antes de militar con Los Lobos ¡Brutal!. Con estas credenciales el artista se multiplica por tres y ejerce labores de saxofonista, teclista y coros.

Inyectando insulina en los corazones de toda la formación tenemos en el bajo, al bueno de Conrad Lozano. Sentado en un taburete, la edad no perdona, mantiene la llama incandescente y, que no os engañe, bombea la energía justa y necesaria a lo largo de todo el show: un valiente.
Como veis estos viejales no dan puntada sin hilo y la edad no ha sido un impedimento para que sigan brillando y dando bolazos como el de esta noche en Santiago de Compostela. Las baquetas siempre han sido el asiento más caliente de la banda con múltiples entradas y salidas. Para la ocasión, el reputado baterista Fredo Ortiz fue el motor perfecto para que la banda y el público gozasen y vibrasen, ¡Un lujazo!. Es honesto hacer mención al guitarrista Louie Pérez, como uno de los miembros fundadores, que no pudo actuar a pesar de estar anunciado para esta gira. Intuimos que los problemas de salud pudieran ser la causa ya que en 2025 ya tuvieron que cancelar la gira americana por este motivo.

Volvieron por sus fueros con un tema corto pero contundente que cae como un misil en el centro de los sentidos, como buen R&R de los 50’s que se precie, hablamos de “Evangeline”. Continuaron con el imán que es “Rosa Lee”, imposible no amar esta atrayente tonada. Y, haciendo gala de su versatilidad, nos seducen con “Dream in Blue”; un reagge fronterizo que se entremezcla con el freejazz del saxo de Steve Berlin.

Con “Maricela”, volvieron por sus fueros de son caribeño ¡Pena de conga!. Le siguió “Kiko” tema que da título a uno de sus discos más aclamados por la crítica. Llegamos al final del show, y como no podía ser de otro modo, sería con el clásico y archiconocido corrido mexicano “Volver, volver” de Fernando Z. Maldonado.
Convulsionamos de gozo con la maravillosa “Come On, Lest’s Go” del omnipresente rocker Ritchie Valens, víctima de un fatídico accidente de avioneta en el que también fallecieron Boddy Holly y The Big Bopper. Ese fue el día en el que murió la música. Se marcharon en la cresta de la ola con un R&R clásico a lo Chuck Berry titulado “Don’t Worry Baby”.

Se salieron de plano para resarcirse, por aclamación popular, con un REVIVAL de R&R de la costa oeste de los Estados Unidos rindiendo homenaje, de nuevo, a Valens con “Ooh My Head” seguida de la guinda de todas las fiestas “La Bamba” intercalando con “Good Lovin” del mágico cuarteto coral The Olimpics.
Y con una montaña de buenas sensaciones llegamos al final de una jornada donde nos nutrimos de muchas corrientes musicales, a la vez que, pudimos regocijarnos en una efeméride musical de alto octanaje...
¡¡¡UNA GOZADERA!!!


