El 3 de febrero de 2026, Adrian Smith y Richie Kotzen inauguraron su gira europea en Madrid con una lección de elegancia, complicidad y rock orgánico, demostrando que su alianza ya es una banda con identidad propia.

Hay conciertos que impresionan por su despliegue y otros que conquistan por su honestidad. Lo de Smith/Kotzen en La Riviera perteneció claramente a la segunda categoría. Sin grandes artificios ni producción espectacular, el proyecto de Adrian Smith y Richie Kotzen se sostuvo sobre lo esencial, canciones, sonido y una química que va mucho más allá de la suma de dos nombres ilustres.

Después de pasarnos por agua, durante el último mes, a cuenta de lluvias aderezadas con vientos huracanados, volvimos a nuestro particular templo musical, la sala Capitol. Cuando se anunció el concierto que nos ocupa, hace unos ocho meses, muchos marcamos con una “X” dicha fecha en el calendario. La cita era ineludible para todos los amantes del R&R ya que, los míticos y genuinos, LOS LOBOS se dejaban caer por la ciudad apostólica englobándose, este concierto, en el 90º aniversario de la sala Capitol.

“¡¡Boas noites!! Somos Os Rapaces…”

Tras veinticinco años de carretera al fin la furgoneta de Los Chicos se detuvo en la ciudad. Aún no puedo entender como una de las bandas con más personalidad y pegada del panorama nacional puede haber viajado siete veces a las antípodas y no haber desembarcado nunca, hasta la noche de autos, en la ciudad de “A Esmorga”.

La verdad, no nos podemos quejar de como comenzó este 2026 en Ourense. Si ya ayer pudimos disfrutar en este mismo escenario de los ourensanos Dead Doomed Divas, hoy le llegaba el turno a una banda teníamos muchas ganas de que se pasaran por la Ciudad de As Burgas, y a la que un servidor veía por primera vez, los siempre excelsos The Bo Derek's.
 
Venían al Auriense a presentar las canciones de su más reciente trabajo, el magnífico “ Working Class R’n’R”, cuarto disco de su carrera y en el que la banda atesora toda la experiencia musical acumulada a lo largo de los años en 13 grandes canciones.
 

Asomamos la cabeza en el último asalto del OUTONO CODAX FESTIVAL, timoratos, en lo que respecta a nuestro físico, ya que los años pesan y las dos jornadas anteriores nos dejaron exhaustos. Eso sin contar todo lo acaecido durante el mes de noviembre que tuvo como protagonista a la sala Riquela con conciertos en un formato más íntimo y personal pero con una calidad musical indiscutible.

Al Outono hay que ir si o si, ese es el “Leitmotiv”.

Viernes 21 de noviembre de 2025. Segunda jornada de este maratón musical, de tres días, cuyos tentáculos se expanden por múltiples rincones de Santiago de Compostela, Galicia y norte de la península.

En nuestra segunda casa, la sala Capitol, damos la bienvenida a la que quizás sea la jornada más ecléctica del OUTONO CODAX FESTIVAL. La bandera del punk rock se entrecruza con la bandera de la música negra que, por excelencia, es el santo y seña de este magnífico festival. Casi un “sold out” se evidencia por lo que las ganas y el ambiente son para enmarcar respirándose el gas fisgón que da lugar a que, el imaginario personal, muestre lo que está por venir.

La traca final del OUTONO CODAX FESTIVAL, como viene siendo habitual en los últimos años, se conjuga en tres días seguidos donde, en cada uno de ellos, se puede disfrutar de dos bandas teniendo como telón de fondo la suntuosa sala Capitol.

Son tres jornadas en las que acabamos con la lengua fuera, sin que ello sea ápice, para llevarnos en nuestra mochila un buen puñado de buenas sensaciones y de experiencias musicales que, gracias a este marco, nos permite disfrutar de fastuosas bandas que por si solas sería arduo deleitarlas por estos lares.

No han pasado ni 24 horas, todavía, y ya vuelvo a estar con los pies en el Riquela, y la mano en el vaso, recién lavado. Sigue lloviendo, como mandan los cánones, y alguien debería indicar, al menos cuando arrecian las nubes, por qué puerta se embarca al concierto en esta sala, para evitarse unos preciados metros de temporal.

Noche americana, tocaba recibir la visita de Aaron Earl Livingston, natural de Filadelfia, cuyo apodo, al menos en lo musical, es Son Little