Fruto de un encargo del señor jefe de esta web me desplacé a la nueva Sala Urania en Ferrol (antigua Run Rum, Super 8, Ruido) para ver, oir y sentir a los ponferradino-vigueses de Perro Futuro. Porque uno a veces también trabaja por encargo (pistola al pecho y lo tomas si o si, o sea, oferta irrechazable del Padrino, preciosa pistola por cierto).

En estos tiempos que corren en los que cada día más se cogen maneras y manías del abuelo cebolleta en plan “Esto en mis tiempos no pasaba” (tiempo que no son los de Franco, bueno, un poco al principio), “Donde vamos a parar con esta juventud” (un poco hay de todo, aunque nuestros análisis detectan cierto descerebramiento en algunos sectores), contar batallitas y mandar a freir espárragos a un mundo que se siente cada vez más incomprensible y hostil, uno se refugia cada vez más en la covacha de su zona de confort del soul, el blues, el rock hard o clásico, el country rock o el southern y se exilia del alrededor.

Por todo ello resultan esclarecedores estos aldabonazos que los amigos te arremeten, que te obligan a salir de esa conformidad, ese exilio, esa cueva de Platón en la que te has autoexcluido y te hacen recuperar tu capacidad de análisis, tus ganas, tu faceta más experimentadora, jacarandosa, descarada, provocadora y falta del más mínimo sentido del ridículo (aunque para ridículo algunos que, bueno, en fin…).

Perro Futuro está compuesto a tercios iguales por Diego Amigo (bajo y voz), Xoan Otero (guitarra y coros) y Suso Valcárcel (batería). Al que más conozco es Suso después de su paso por alguna que otra fiesta de Canedo Rock con The Mirage o Supernatural. Comenzaron pasadas las 23:15 y lo hicieron directos a la yugular y sin concesiones con “Hoy por ti” y no levantaron el pie del pedal durante los dieciséis temas siguientes, manteniendo la contundencia como velocidad de crucero sin desfallecer en temas como “El lado oscuro”, “La habitación de pánico”, “El momento cero”, “Puro cristal”, “Volveremos fuertes”, “Lorenzo en llamas” o “Rey maría”, incluyendo algunos como “La Faraona” (una especie de reinterpretación o reescritura de “Que me coma el tigre” de Lola Flores) o “Garras humanas” de la Orquesta Mondragón. Poco más de una intensa hora y media de concierto que, para sorpresa mía al mirar el reloj al finalizar, pareció ser más larga por la intensidad y cantidad de temas enfrentados (ni que de los Ramones se tratase).

Todo y de diferente procedencia cabe en su estilo que va desde el rock duro al hardcore hasta cierto punto melódico y una actitud muy punk libre de poses, etiquetas y marcas. Nada de lo que hacen es novedoso, ya lo has transitado, palpado y paladeado en otras ocasiones, forma parte de tu ADN, de tu educación, de tu camino vital, pero lo importante es la actitud con que lo desarrollan, como si la vida les fuese en ello. Actitud que tampoco es que sea novedosa, pero demuestra que en los tiempos que corren (esos “malos para la lírica”) aún haya gente que sea capaz de asumirse, abanderarse en ella y predicarla a púlpito descarnado.

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