Segunda visita en lo que va de año a la Sala Urania, esta vez para ver y ser testigo del retorno a los escenarios de uno de mis grupos favoritos de Ferrol, con cuyos componentes además tengo amistad y complicidad, de esas que se desarrollan en largas horas y días de experiencias compartidas, aficiones comunes, conversaciones profundas, además de apoyo mutuo en los momentos que hace falta.

Ya me habréis oído y os habré aburrido hasta la saciedad con mi pontificación sobre la santísima trinidad del rock ferrolano: Pölisong, Sandford Music Factory, y la Five Strings Band. Los segundos comunicaron hace pocos días que llegaban al final de su trayecto y justo en una de esas compensaciones que le dan balance al rock, la Five retorna de nuevo al directo tras un tiempo en el dique de calafateado.

No es que hubiesen estado totalmente inactivos, bueno, casi. Desde los bolos relacionados con su último trabajo discográfico “Everlasting Love” (2017) las noticias sobre sus idas y venidas se habían ido reduciendo de forma bastante drástica hasta que a mediados de 2023 comienzan a aflorar los primeros brotes verdes de un posible regreso. En junio de 2024 participan en el Chicken Run Custom Party, en julio en el 3er. Balea Fest en Malpica de Bergantiños, en septiembre en el Old & Proud en Calafell (Tarragona) y liberan en youtube el vídeo de su nuevo tema “Honey”; 2025 lo dedican básicamente a componer y grabar nuevos temas  y en febrero de 2026 participan en el 20º Aniversario de Fantasy Bikes.

Así llegamos a la noche de autos, al renacimiento, al regreso, la nueva epifanía sobre las tablas del directo de este grupo fundamental en lo que a mí respecta de músicos y rockeros, pero también de colegas, amigos y maestros. Con más años, pero la misma actitud y el mismo feeling de siempre. Encabezadas las cinco cuerdas por el verdadero frontman, el crooner rockero Jorge Bakero a la voz, la más que impenitente e inquieta figura de Tony Torres a la guitarra, Félix Freire también guitarra, Jacobo Vilarino el bajista original que vuelve y la nueva adquisición de José Maroño en la batería. Tras seis álbumes entre 2012 y 2017 –si incluimos el live “One night at the theater”-, repertorio tienen para dar y tomar, fruto de esa colaboración, hermandad y amistad entre Jorge y Tony que se remonta a los tiempos de Tábano y St. Funny y sobrevive a las vueltas y revueltas musicales y vitales de uno y otro.

Comenzaron con el segundo corte de “Pantano Blues” (2013), “Down on the ground”, swamp blues saturado, cálido, húmedo, sudoroso, con este trabajo comenzaban a definir su propio estilo tras el debut de “Mr. Moore” (2012). Continuaron con “Do me raw” del “Devíl’s among us” (2014), para mi gusto su trabajo más hard dentro de la línea blues. “Sweet and sad blues song” blues claro, sin concesiones ni miramientos del “Mr. Moore”, ese álbum variado que siempre consideré que funcionaba como un “Sticky Fingers” propio. Vuelta a la humedad del pantano con “Joe Brown Blues” para luego recalar con “Out of love” en esa desembocadura southern rock que fue “Hellride” (2015). La balada hard de “Woman shadow” del punto y aparte de su discografía que fue el conceptual “Everlasting Love”, junto con “Wrath child” nos llevaron al ecuador de la actuación.

Bautizaron el cruce al siguiente hemisferio con ese hard acelerado que es “Heal my soul” de “Everlasting love” y el progresivo “Rainy Days” de “Mr. Moore” (primera composición conjunta de Tony y Jorge en esta discografía) y nos mostraron los caminos de su nueva singladura con toda su esencia hard, bluesera y southern en “Honey”, el vídeo con el que avisaban de su reingreso. El elemento southern se repetía nuevamente en “I dont wanna lose” de “Hellride” y la versión de “Can’t you see” de Toy Caldwell de la Marshall Tucker Band. Con “I never surrender” volvía a mostrarnos parte de ese nuevo reportorio que están desarrollando para su vuelta. “But proud I say (I’m a southern man)”, la balada southern de “Hellride” se dio de la mano con “One for all” y “Under your spell” de “Devil`s among us” para finalizar una noche magnífica, aunque ante la insistencia de un público ya entregado y exultante no se resistieron a deleitarnos con el “La grange” de ZZ Top.

Una noche perfecta como hacía tiempo que no la vivía, con su balance entre un pasado rico y un futuro prometedor que espero que cuaje en nuevos trabajos, nuevos conciertos, y nuevas experiencias de las que estoy ávido. Lo poco que he podido escuchar de sus nuevas composiciones me hace pensar en una infusión compensada, empoderada, madurada y ya indiferenciada de sus influencias blues, hard y southern y quiero más. Sé que corren malos tiempos para andar grabando artefactos, pero espero y deseo que terminen publicando otro para poder meterle la aguja de mi tocadiscos en la quietud de mi hogar, aunque ninguna escucha en mi oratorio musical particular cambiará la experiencia de un directo como el de esta noche, por supuesto.

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