Estado mental acorazado para ganarle la partida a las elevadas temperaturas que, en este mes de junio, están invadiendo la ciudad Compostelana. Un año más, el festival O SON DO CAMIÑO, reunió a miles de seguidores llegados de todos los rincones de la península afianzándose como uno de los festivales más importantes del indie/rock de nuestro país. Nuestro leitmotiv era la banda norteamericana LINKIN PARK la cual no se ha prodigado demasiado por el estado, a lo largo de su trayectoria, por lo que la expectación era máxima. 

Cargados con buenas dosis de protector solar, gafas y gorro a eso de las 18:30 pisábamos la tierra/césped del Monte del Gozo. Primeros acordes que llegaban a nuestros oídos de la mano de los madrileños Niña Polaca a los que siguieron los entusiastas Sexy Zebras, a los cuales, se les vieron las costuras más rockeras como preludio de lo que vendría a continuación. Sin duda el cartel del viernes 19 así lo atestiguó.

El calor hacía mella en nosotros y decidimos salir del foso para poder disfrutar del siguiente grupo, con todas las garantías y comodidades, añadiendo un refrigerio, para gozo de nuestro gaznate. Los escoceses BIFFY CLYRO hicieron acto de presencia por primera vez en tierras galaicas. Con diez trabajos publicados se presentaron con un buen manojo de “hits” que fueron cayendo, uno tras otro, a la vez que el respetable se hacía eco con los coros. 

El sonido fue bueno, incluso, demasiado elevado teniendo que tirar de tapones. Así, pudimos disfrutar, en su plenitud, de esta fuerza de la naturaleza llamada Simon Neil, frotman indiscutible de la formación, a cargo de la voz y la guitarra rítmica, que, desde el minuto uno, se deja la piel, la garganta y la salud. Cada concierto lo encara como si fuese el primero de su carrera, lo cual, el oyente agradece y, en consecuencia, da las gracias con largas ovaciones.

La banda, inicialmente, se conformó como un power trío configurada por Simon y los hermanos James y Ben Johnston, bajo y batería, respectivamente. Para esta gira James ha sido sustituido, por problemas de salud, por Naomi Macleod, del clan de los Macleod, ya sabéis: ¡solo puede quedar uno!.

A medida que han pasado los años han ido añadiendo capas a su música incorporando teclado, otra guitarra y dos violines. Toda esta mezcla y el carácter creativo, original y diferencial de sus obras, da lugar a una larga lista de etiquetas que pueden definir su música: rock alternativo, rock experimental, metal alternativo, post-hardcore alternativo... etc., etc., etc.

Resumiendo: una buena banda de rock que, con cada bolo, arrojan una cascada de energías y buen gusto para con las melodías, así como, con los cambios armónicos, que son el santo y seña de la formación, definiéndolos como una banda reconocible y con esencia propia. Estos cambios armónicos que entran y salen de la columna vertebral que conforman sus temas, no dejan indiferente a nadie, para bien o para mal, y es por eso que Biffy Clyro se ha ganado, a pulso, un hueco entre las bandas de rock más originales de las últimas décadas. ¡Ahí es nada!

Ansiosos y sabedores de que el motivo por el cual habíamos acudido al SON estaba por llegar, nos reacondicionamos de nuevo ya que, para esas horas, el Monte do Gozo era un hervidero de gentes que miraban la cuenta atrás del escenario irremediablemente. Elegimos un lugar, al azar, en las gradas, rodeados de la multitud que tuviese una aceptable visibilidad. Esa elección nos fiscalizó a nivel sonoro. El Monte del Gozo es un lugar muy amplio, al aire libre, y tu experiencia va a estar condicionada por el lugar elegido. Otros años se señalaba al viento como responsable del mal sonido pero, este año, el dios Eolo no nos visitó. Así el sonido de los cabezas de cartel LINKIN PARK se entregaba de forma muy atenuada. La mayoría de los asistentes éramos conocedores de los hits de la banda, y esperábamos dar el “do” de pecho, pero nos faltó ese golpe de corazón que proporciona un bajo poderoso para que la experiencia se truncase en algo inolvidable.

Eso no quitó el buen hacer de los estadounidenses, a los que, no les quité el ojo durante dos horas. La novedad más destacable es la incorporación, en 2024, de la cantante Emily Amstrong que sustituye al genio fallecido Chester Bennington, por lo que la expectación para el que escribe era máxima, en ese aspecto. Todos los fans pensaron en 2017 que Linkin Park se había terminado “forever” después del varapalo recibido tras la trágica muerte de Chester pero el tiempo lo cura todo y, una vez lamidas las heridas, han reanudado sus giras mundiales de la mano de Emily ¿Como se puede sustituir a un ente con la fuerza y calidad de Chester? Esta duda sobrevolaba el ambiente.

Con una puesta en escena muy austera, impropia de un grupo del otro lado del charco, con únicamente dos figuras geométricas cúbicas colgadas del techo donde, de vez en cuando, se proyectaban imágenes, pisaron el escenario Estrella Galicia los seis componentes de Linkin Park, a eso de las 23:00 horas, a golpe de un láser verderolo que sobrevolaba todo el recinto.

Desde un primer momento Mike Shinoda, a cargo de la voz, guitarra y teclado, tomó los mandos del avión aunque, a medida que se iban cribando temas, Emily, se afianzaba como líder en muchos de las tonadas de su set list. Abrieron con dos canciones de sus imprescindibles discos que no podíamos dejar de mentar: Meteora y Hibrid Theory, con el temazo “Lying From You” y “Crawling”, respectivamente; con preguntas y respuestas entre Mike y Emily que es una de las cualidades que caracteriza el estilo de Linkin desde sus inicios. Emily se encarga de las partes vocales más melódicas y Mike responde seco y contundente, rapeando detrás de un muro de metal donde la guitarra de Brad Delson escupe rabia a la vez que Dave Farrell, al bajo, y Colin Brittain, en la batería, hacen temblar la tierra.

Desgranando un poco su set list nos golpearon con “New Divide”, “The Catalyst”, “Stained” donde Emily se prodiga con su aguda y melosa voz. Continuaron con baladas como “Where’d You Go” o “Waiting For The End” para proseguir rapeando a golpe del Scratch que corre a cargo de Joe Hahn siendo éste uno de los bastiones de la banda que marca la diferencia estando al mando del teclado, sintetizador, sampler y toda la programación que llevan enlatada.

A estas alturas del concierto, nos percatamos de que el tándem vocal formado por Emily y Mike funciona de maravilla. Los nostálgicos echarán de menos a Chester, es lógico, pero esto es otra historia. Linkin ha sabido moldearse o reinventarse para que con Emily empiecen a escribir un nuevo libro, evidentemente sin obviar todo el legado de Chester, pero es meritorio saber adaptarse a las nuevas circunstancias con un resultado, en este caso, más que notable. Chester cantaba desde el dolor, su propio carácter lo llevaba a esos lugares cerebrales donde es mejor no entrar, y eso lo transmitía en sus composiciones e interpretaciones. Del dolor también fluye el arte y éste es un caso muy claro. Emily, por su parte, no intenta imitar o sustituir a Chester sino que su presencia genera una nueva situación guiando a la banda por una lírica rica en matices. Emily es una buena cantante y gracias a ello Linkin Park ha vuelto a la carretera y sigue en pie de guerra.

Pusieron punto y seguido con las Nu MetalerasTwo Faced” o “One Step Closer”. Me llamó la atención que, entre tema y tema, hiciesen una pausa, de al menos unos treinta segundos, que debido a la descarga de sus magníficos temas se hacían larguísimos. El silencio y la luz oscura se adueñaban del escenario y a los asistentes “nos cogía el frío”. Curioso que un grupo americano de esta envergadura no reparen en esos detalles ya que ellos son el paradigma del SHOW con mayúsculas.

Eso no enturbió la buena actuación de los californianos que se entregaban con todo y más, en cada tema. Fue el caso de “Breaking The Habit”, “What I’ve Done”, “Numb”, “In The End”, “Papercut” todos ellos unos tremendos temazos que se quedarán para siempre en el imaginario rockeril.

Linkin Park es una banda que tiene, sin lugar a dudas, una página reservada dentro del libro del R&R. Un grupo de jovenzuelos que, allá por el año 1996, en pleno auge del grunge, se lanzaron a la búsqueda de nuevos horizontes sonoros experimentando con diferentes estilos, fusionándolos, y cuyo resultado es una fuerza rockera transgresora y original. Sus discos tienen un sonido excelente y subir el volumen de tu equipo casero con uno de sus temazos es una experiencia que te lleva de la raíz a lo más innovador.

Sin Linkin Park, la música Rock, no sería lo mismo

 

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