No todo van a ser palos. Pasemos a lo esencial, pasemos a la música. He de reconocer la excelencia del cartel de este 2026. Calidad y variedad para satisfacer los más diversos gustos y para seguir arrastrándonos un año más al evento que me conquistó hace casi un cuarto de siglo.

Sobresaliente primera jornada con presencia de mucho público para ser día de semana y jornada laboral al día siguiente. Sólo dos escenarios funcionando (Trashville aparte). Se abría así la posibilidad de disfrutar de manera más relajada de las bandas propuestas. Llegamos al festival con Robert Finley sobre el escenario God. ¡Qué ganas ha dejado de poder disfrutarlo en una sala pequeña! Toda la esencia de los viejos bluesman en un show electrizante que cautivó al público desde la primera canción. Su poderosa y conmovedora voz, junto con su contagiosa energía, llenaron el recinto de entusiasmo y emoción. A continuación cambio de “tablao” para ver a los Dwolff y escuchar su arrebatador e impecable directo. Los holandeses como siempre se lo pasan “pipa” tocando y haciendo partícipes de la fiesta al respetable durante los cincuenta minutos de su eléctrico show. Su vocalista y guitarra Pablo acabó cantando su “Rosita” entre la multitud a pie de escenario. El límite de tiempo del show contribuyó a acortar los, en ocasiones, interminables solos instrumentales. Esos “baches” a los que se refieren quienes prefieren los temas breves y directos frente a los desarrollos instrumentales interminables. Bolo redondo.

     

Tocaba ahora volver al escenario principal con la impresión de que la organización "patinaba" a la hora de programar a Imelda May justo después de Dwolff. ¡Como me estaba equivocando! Regresaba al Azkena la irlandesa acompañada por su exmarido Darrel Higham con un show que fue subiendo en intensidad y acabó en modo fiesta sobre todo por la complicidad entre la pareja y el despliegue de temas clásicos, propios y ajenos. Vuelta a los orígenes y detallazo de Imelda al acordarse de su viejo camarada Jeff Beck.

 

Decidí separarme del grupo de colegas para acercarme al Trashville y disfrutar de una banda por la que sentía especial curiosidad The Concrete Boys. Son los componentes de Powersolo haciéndose acompañar por un par de muchachas a los coros. Gamberros y subversivos combinan melodías pegadizas con la excentricidad en la manera de ejecutarlas. Diversión y sudor a raudales con una carpa colapsada. Me perdí a los Corrossion of Conformity con su despliegue de riffts fangosos y pesados, sólo pude escuchar un par de temas desde la lejanía antes de intentar pillar buen sitio en el siguiente bolo: The Hives. Otra banda que regresaba al Azkena con sus trallazos musicales y su brillante puesta en escena. Son ruidosos, son arrogantes, son ridículamente escandalosos y demostraron que el rock n roll se vive, se disfruta. El rock no necesita ponerse serio para ser brillante. Eran sin lugar a dudas la banda más esperada del día y cumplieron con las espectativas creadas. Por poner un "pero", resultaron insufribles en los tiempos de recuperación de su frontman entre tema y tema. Pelle Almqvist se pasó más tiempo hablando que cantando.
La jornada remató en el Trashville de nuevo, esta vez de la mano de Les Robots. Rock instrumental con músicos llegados desde el país de los tulipanes pertrechados con indumentarias, ideal para bandas sonoras de pelis con marcianos.

  

 El sábado por la mañana nos tocó disfrutar, bajo un sol de justicia, de la banda canadiense Bywater Call habituales de las pequeñas y medianas salas del país en donde resulta mucho más agradecido el verlos. Impecables como siempre y con la voz de una sobresaliente Meghan Parmell llenando de blues y soul la plaza de la Virgen Blanca. Ya por la tarde pude disfrutar de los bolos prácticamente completos de los Old Crow Medicine Show, Los Enemigos, The Temperance Movement y Alice Cooper.

Volvía Josele a subirse a un escenario tras dos años de parón para demostrarnos que la banda continúa en forma. Rock sin artificios, ni falta que hace. Presentaron temas de su próximo disco y sonaron sus clásicos con los seguidores bajo la épica estampa de una torrencial lluvia, por momentos, acompañada de truenos y relámpagos. Continuaron luego, en el escenario de enfrente, los Old Crown Medicine Show en lo que era su primera actuación en el país. La banda sorprendió al público con una auténtica fiesta de raíces americanas impulsada por el sonido de violines, banjos y guitarras. Éxtasis de ritmos desenfrenados para ahuyentar a las nubes a golpe de entrega y diversión propia y del respetable.

     

   
La lluvia hizo que me refugiara en un Trashville que, abarrotado, esperaba la presencia de los Henge. Curiosa banda británica que se mueve entre la psicodelia, el rock progresivo y el sonido rave. Con un show que poco a poco acabó abduciendo a los más incrédulos, entre los que me encontraba. Banda sonora ideal para la cantina de Mos Eisley en la película de La Guerra de las Galaxias. Nos visitarán en breve dentro del Outono Codax Festival en la sala Capitol.

Luego les llegó el turno a los escoceses The Temperance Movement uno de los bolos con sorpresa del festival tanto por su buen hacer de toda la formación sobre las tablas, como por el extraordinario magnetismo que Phil Campbellla genera con su carraspeante voz y su entrega física, lidera de manera sobresaliente a la banda. Nos aportaron efluvios de los primeros Faces. Clásico y honesto sonido blues rock presentando nuevos temas junto con los éxitos de sus tres álbumes previos.

Alice Cooper cerró, para mi, la jornada festivalera del viernes. Lo vi de lejos y he de reconocer que me gustó más que la última vez que se dejo caer por Vitoria. En forma a pesar de sus casi ochenta años. Excelente sonido, buena puesta en escena y buenos músicos acompañándolo.

El Domingo por la mañana los alemanes The Blackyard Casanovas se encargaron de animar la sesión vermú en el casco antiguo de la ciudad. Rock and roll clásico y blues crudo para despertar y comenzar el día de la mejor manera. Ya por la tarde y siendo el tercero de los días, decidí centrarme en dos únicas bandas: Social Distortion y Jason Isbell.

La banda de Mike Ness, tercera vez sobre estos escenarios, presentaba en esta ocasión su: “Born to Kill” bajo una molesta lluvia, pero con la parroquia firme y a la expectativa aguantando al pie del cañón. Con el volumen contenido, el bolo comenzó con el tema que le da nombre al disco y del que tocaron varios temas. A golpe de medios tiempos y temas menos “populares” se fue desarrollando para poco poco ir ganando en intensidad, y en volumen. Acabaron entre clásicos: “Ball & Chain”, “Story of my life”,… y se echaron de menos otros, algo normal en una banda que lleva casi cincuenta años sobre las tablas, imposible contentar a toda la parroquia cuando tienes un tiempo de actuación limitado y un sinfín de hits candidatos al setlist ideal.

 

ALBUM FOTOS

Luego vino lo que para mi fue lo más sobresaliente del año: Jason Isbell and the 400 Unit. Sin lugar a dudas se merece un punto y seguido en esta serie sobre el Azkena 2026