Viernes 21 de noviembre de 2025. Segunda jornada de este maratón musical, de tres días, cuyos tentáculos se expanden por múltiples rincones de Santiago de Compostela, Galicia y norte de la península.
En nuestra segunda casa, la sala Capitol, damos la bienvenida a la que quizás sea la jornada más ecléctica del OUTONO CODAX FESTIVAL. La bandera del punk rock se entrecruza con la bandera de la música negra que, por excelencia, es el santo y seña de este magnífico festival. Casi un “sold out” se evidencia por lo que las ganas y el ambiente son para enmarcar respirándose el gas fisgón que da lugar a que, el imaginario personal, muestre lo que está por venir.

THE GODFATHERS son, sin lugar a dudas, la anomalía de la línea musical que habitualmente sigue el Outono Codax Festival. Dejamos a un lado la música negra para sumergirnos de lleno en el punk rock de finales de los 80 y principios 90 que emergió en las islas británicas.

Cuando publicaron su segundo trabajo “Birt, School, Work, Death” en el que incluían el tema que da título al disco, éste se convirtió en un himno para los jóvenes más canallas de esa generación. El rock melódico y una aptitud punk en el escenario se dieron la mano para castigarnos con un mantra punk rock que marcó un estilo y una moda.

Este doble mortal los catapultó al estrellato de los olvidados, convirtiéndose en un grupo de culto con reserva, por derecho propio, de un párrafo en el libro de la historia del rock and roll. Lo curioso es que su música hoy, 40 años después, suena fresca y actual sin perder un ápice de la esencia con que se creó.

Nueve son los trabajos que atesoran los londinenses artífices del resurgir de la new wave inglesa, casi nada. Su estilo reconocible, por un sólido muro de sonido, no destaca por inventar nada pero sus canciones cuentan con una chispa vital que embriaga a la vez que agita el cuerpo y el alma.

Los padrinos se mostraron elocuentes, desde el primer guitarrazo, y no bajaron la intensidad hasta el final del show. Unos currantes del R&R que no destacan por su virtuosismo pero que atesoran todo el relicario necesario para con el punk rock: contundentes, convincentes, expresivos y la pujanza óptima para derribar el muro existente entre público y artista.

Sin lugar a dudas, el lugarteniente de la formación, es su carismático vocalista Peter Coyne que se mantiene desde la creación de la banda. Este esta blindado por Jon Priestley al bajo, el incansable y bailongo Richie Simpson en las seis cuerdas, Billy Duncanson en la batería y cerrando la coraza Paul Humpheys como segundo guitarra.

Fueron desgranando sus trabajos sonando bombazos como: “This is War”, “Tell my Why”, “I Wan You”, “Love is dead”, “Obssesion”, entre muchos otros; todos ellos cortados por el mismo patrón: el punk rock, eso sí, sin salirse de lo estipulado suenan diferentes y reconocibles.

Destacar los temas “Johnny Cash Blues” donde rinden homenaje al artista y una grandiosa versión de “Fight For Your Right” de los Beastie Boys que supieron llevar a su terreno para convertirla en una de las mejores adaptaciones que he escuchado de este temazo. ¡Aplastante!

Después de contaminarnos con su R&R aptitud, durante casi hora y media, se cerró el telón para dar paso al genuino e incansable LES GREENE.

Artista incandescente, donde los haya, es poseedor de un vendaval “atiliano” que no deja títere con cabeza allá por donde pasa. Deudor de la energía de titanes como James Brown y Little Richard también agita, con delicadeza y sapiencia, a colosos como San Cooke y Otis Readding. Les Greene pacta con el diablo en cada actuación reventando la zona que pisa.

Aunque, como es obvio, reverencia el clasicismo en sus formas, este artista resuena contemporáneo con orgullo y mucho convencimiento. Natural de Baltimore (USA) , Les Greene es usufructuario de una vigencia atemporal e imperecedera cuya sombra lo acompaña en cada actuación. Sus misas reverencian al soul, al jazz, y al blues en un cóctel cuyo resultado es un sonido clásico en la onda motown.

La banda valenciana que lo acompaña es contratada para los conciertos en España constituyéndose con bajo, guitarra, batería y teclado que por momentos también hace las veces de saxo. Tuve la suerte de verlos, también con Les Greene, por primera vez, en un marco incomparable como es la plaza de la Virgen Blanca de la ciudad de Vitoria, dentro del programa del festival rockero nacional por excelencia AZKENA ROCK. Y sin parpadear tuve que frotarme los ojos ante su fuerza gargantil, su presencia escénica y la pasión que lo acompaña en cada una de sus actuaciones. ¡Brutal!

Cada cierto tiempo el artista lanza algún tema en formato “single”, de cosecha propia, los cuales se entremezclan con versiones clásicas y no tan clásicas del R&R, conformando todas ellas, parte de su set list en directo.

Y entre las cabriolas, propias de un atleta, monólogos, bajadas del escenario para mezclarse con el público o la correspondiente subida a la barra, se configura un show que llega a la hora y media, aproximadamente.

Sin conceder respiro retumbaron temas propios como “I Don’t Want Nothin’”, “Airbound”, “Can You Keep A Secret”, “Another Me”, “Cant Hurry Love” por citar alguno de ellos.

Sus versiones, de clásicos de R&R, son el alimento para medrar musicalmente en multitud de direcciones; así sonaron excelentes interpretaciones de “Stand by me” de Ben E. King o el “Tutti Frutti” del que, sin duda, es el culpable de que Les Greene pueda desarrollar su arte encima de un escenario: hablamos del pequeño en estatura pero a su vez gigante musical, Little Richard.

Y sin nada más y sin nada menos, llegamos al final de esta intratable velada donde la miscelánea de estilos fue el paradigma de una noche inolvidable. Mañana nos espera el broche final a lo que esta siendo...

¡Una bárbara edición del Outono Codax Festival!


