Avisados estábamos, desde hacía tiempo. Llegó la esperada noche de latidos donde, los míticos, no traducibles, THE LONG RYDERS, pisaron tierras galaicas, por primera vez, en su longeva carrera. Raudos y veloces acudimos a la cita donde, una marea de rocker@s, llegados de todos los rincones de nuestra comunidad colgaron, casi, “lleno absoluto” en la catedral musical gallega, la Sala Capitol.

Los mimbres estaban dispuestos para elaborar las mejores cestas y, para comenzar con buen pie, TESOURO fueron los encargados de abrir la caja de pandora. Los ourensanos venían presentando su segundo y último trabajo, titulado “No centro do mundo”, donde Carlos Rego (compositor, guitarra y voz principal) da rienda suelta a su universo personal para dejarnos tonadas ricas en giros armónicos y melódicos, con letras honestas y reflexivas sobre diferentes búsquedas personales donde cualquiera se puede ver reflejado. La ourensanía, es uno de los temas centrales del disco reivindicando sus orígenes con orgullo y satisfacción.

Sonaron temas como “Caminar” donde, algún piropo, aterrizó cerca de mis oídos en referencia musical a Los Enemigos. “La sombra de lo que fuimos” sonó contundente y, para el que escribe, más convincente que en el disco. “Tus llamadas” suena a Neil, el joven, con sus caballos locos; un medio tiempo unido a un muro de guitarra que no para de gemir y con un giro armónico azucarado que nos afina el oído. Así fueron cayendo temas, de su álbum homónimo y el que nos ocupa, y, durante cincuenta minutos, Tesouro consiguió envolvernos en su burbuja musical con un directo que sorprendió a propios y extraños.

A parte de Carlos como capitán del barco, Tesouro, se conforma con Aser Álvarez, a la batería, el cual merece mención especial ya que ha sido un compañero inseparable de Carlos desde Cosecha Roja (finales de los 80) o Burgas Beat (2002). Su pegada contundente se torna al de un metrónomo que imprime fuerza en cada golpe de caja y buen gusto en los cambios llevando los temas por la senda marcada. Completan la formación Daniel Alonso al bajo y Anxo Fernández en las teclas.

Un buen concierto que se rubricó con un excelente sonido que nos colocó en situación para recibir el plato fuerte de la velada.
Los cuatro angelinos que conforman The Long Ryders pisaron las tablas de la sala Capitol tranquilos y seguros de sí mismos. Su mezcla de country/rock, al que las etiquetas han dado el apelativo de “alternativo”, concibe a una banda que suena contemporánea reverenciando el clasicismo, en sus formas, por lo que, blanden un estilo reconocible al que aportan un relicario sonoro que los hace únicos. Sus temas atesoran melodías suculentas donde el “pop” asoma la “patita” cobrando sentido lo descrito anteriormente.

La trayectoria The Long Ryders no es muy prolifera, debido a que su carrera está plagada de parones. Apenas siete trabajos contemplan su repertorio aunque, casualmente, en este año 2026, ha visto la luz un nuevo redondo titulado “High Noon Hymns” que nos presentaron en la noche de autos.
Aquí el dicho “Disparar y no parar hasta acabar…” cobró todo el sentido. Abrieron con “Final Wild Song”, de su disco más aclamado, “Native Songs”, donde nos enfundamos las pistolas y nos subimos al caballo. “Season Change” hizo las delicias de todos los que amamos a Tom Petty, con una melodía vocal sobresaliente. Se tornaron más actuales con “(How, How, How) How Do You Wanna Be Loved”, de su último trabajo. Y el medio tiempo de “Ramona” solventó un inicio de concierto soberbio.

La formación es estable desde sus inicios. No existe un “frotman”, como tal, que se pueda señalar sino que, el concepto de “banda”, cobra todo su significado. Tenemos a las seis cuerdas y a la voz a Sid Griffin que se complementa de forma sustancial, en la misma labor, con Stephen McCarthy conformando el núcleo principal de la banda. En la zona baja y voz nos encontramos a Murry Hammond que sustituye desde 2021 al miembro original Tom Stevens que falleció ese mismo año. Cierra filas Greg Sowders en las pieles constituyendo un cuarteto de rock, sin artificios, donde todo lo que ves es lo que es.

Ponemos la mirada en el espejo retrovisor para continuar con “You Don’t Know What’s Right…”, a la que le sigue la balada “Ivory Tower” para levantar los ánimos con las optimistas “Want You Bad” y “I Had of Dream” donde Tom Petty volvió a sobrevolar mi cabeza.
Y así, a tres voces, fueron desgranando su repertorio fusionándose con sus guitarras limpias cuyas melodías y armonías se mezclan con las gargantas, serenas, de sus miembros. No hay desmelene en sus interpretaciones ya que su música pide sosiego con medios tiempos donde la voz templada, de tres de sus componentes, cobra todo el protagonismo.

Y así llegaron al final de una velada muy atractiva, en lo que a lo musical se refiere, no sin antes ser reclamados, por aclamación popular, en un “bis” que nos dejó el clásico “Forever Young”, del incombustible Bob Dylan. Sin duda, un lugar donde las parejas se acurrucan desde que el genio sacó, allá por 1974, su disco “Planet Waves”. El concierto concluyó con la contundente “Looking For Lewis And Clark”.

Una noche memorable que guardaremos en nuestras retinas “forever”.
Gracias al personal de la Sala Capitol por facilitarnos, como siempre, nuestra labor. ¡Nos vemos en breves!


